La tarea específica del Movimiento en este ámbito es educar el sentido de
pertenencia y permanencia en la Iglesia a niños y jóvenes. Los acoge en una etapa
transitoria, la de su infancia y juventud, les inculca hábitos y les propone
experiencias de vida eucarística así como los prepara para su compromiso eclesial
adulto.
El MEJ no trabaja para sí mismo, sino al servicio de la Iglesia, en comunión
con las estructuras pastorales de las diócesis. Aporta a la Iglesia lo propio de su
espiritualidad eucarística, en vinculación con los diversos Carismas, Servicios y
Movimientos.
Su vinculación jerárquica y pastoral a la Iglesia se comprende desde su pertenencia
a la Red Mundial de Oración, que tiene como cabeza al Papa, quien ha
encomendado esta obra al cuidado de la Compañía de Jesús. El Director
Internacional es nombrado por el Santo Padre en base a la propuesta del Superior
General de la Compañía de Jesús.
El MEJ es un movimiento de la Iglesia, y cuenta
con el apoyo de muchas parroquias, así como de congregaciones religiosas,
masculinas y femeninas, como de colegios laicos de inspiración cristiana y católica,
que algunos hacen de él su opción pastoral para los jóvenes


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